Hace un par de días atrás comencé con las sesiones de terapia recuperativa. La idea es retomar actividad de a poco, para que la pierna y su movimiento se vayan recuperando gradualmente, tanto en elasticidad como en la progresión de la ausencia de dolor.

Han sido días complejos para mi estado anímico, ya que un dolor intermitente, más allá de hacer que todo funcione como uno quiere, hace que las diferentes actividades del día se vayan condicionando a la presencia o ausencia de éste, facilitando o dificultando la ejecución de cada tarea.

Y no es menor, ya que la cantidad de errores no forzados pueden subir diametralmente gracias a este pequeño detalle del dolor ciático. Errores que en ausencia de dolor, tendría menos probabilidad de cometer.

Daré cuenta de cada error, esperando que sean pocos, prescindibles, perdonables. Intentaré sonreír al espacio/tiempo que cargo a cuestas en días de dolor y otros de alegría momentánea en que descanso o me distraigo simplemente del madero que me ha tocado cargar durante dos años. No obstante, disto de ser quejumbroso o apesadumbrarme al respecto. Más bien estoy tranquilo, en paz y agradecido.

¿La razón de tanto optimismo y resignación? Mi vida misma, que ha estado llena de esos momentos que parten el alma y también de esas alegrías infinitas, lo que me hace aceptar la terapia como un ejercicio de la vida misma.

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